viernes, 18 de septiembre de 2009

Víctima y victimario

Pasos que avanzan tras de mí apresuran mi andar ya de por si agitado. Miro retorciendo mi cuello a punto de quebrarse empujando mis ojos fuera de sus órbitas para ver quien se aproxima; nada, ni nadie.
Será una ilusión…, quien sabe. Sigo mi camino intranquilo escrutando cada transeúnte que se me cruza, les asigno impiadoso, una figura una condición una historia, ahora los pasos retumban en mi cabeza como sistemáticos acordes de un tambor, les imprimo una imagen, grandes y pesadas botas repiqueteando en el asfalto, tomo fuerzas que no tengo y detengo mis acalambradas piernas.
Aprieto los puños, palpita mi corazón, surcan mi frente dibujando canales invisibles gotas de sudor, y giro sobre mí, preparado para lo que el destino me depare, pero nada, nada más que mi sombra.
Pienso reflexiono, pierdo la mirada en recuerdos del ayer que mi invitan a viajar. Sólo mi sombra que el sol proyecta tras de mí. Tal es la turbación que presento que una anciana asomada en una ventana cercana me pregunta que me sucede, le cuento que escuchaba pasos que estos se aproximaban, que por cada metro que yo ganaba los pasos duplicaban su estridencia, pero que sin embargo nada había tras de mí. La mujer con una mirada enternecida y piadosa me dice:
“Hijo no le escapes a tu conciencia que cuando más pretendas alejarte de ella, más cerca se encontrará, enfrenta tu pasado, tus penas y tus miserias, que sólo cuando ella te haya juzgado podrás enmendar tu alma y la sanar las heridas de tus víctimas”.
Saludos Sergio

No hay comentarios: