La peor derrota que sufrieron los que combatieron en las Malvinas, no fue en el campo de batalla, vino el día después
Hoy es 2 de abril, como lo fue ayer, la semana pasada, y todos los días. No tengo problemas con las fechas, hoy y siempre será 2 de Abril, porque hoy y siempre recordaré a los excombatientes y su patriótica ofrenda.
Para la sociedad en general hay un único día en que se recuerda aquella epopeya.
Pero más allá del sentido de una aventura inconducente, de las graves y grotescas fallas estratégicas en el plano diplomático y militar, de los que se apropiaron por la fuerza del sentir nacional como lo habían hecho con el poder institucional para sumirse y sumirnos en las sombras de la brutalidad y el asesinato; Todo ello no debiera impedir el reconocimiento que les debemos a los Excombatientes de Malvinas, quienes lucharon en el último rincón del planeta, en las peores condiciones, muñidos con su ingenuidad y valor más que con armas, y con la desventaja de la inexperiencia y la juventud.
La guerra fue mucho más que una contienda deportiva. Allí miles de soldados inexpertos fueron privados de una juventud como la suya o la mía, medianamente normal, ellos en lugar de recordar tan importante etapa de nuestra vida con la pícara sonrisa de quien trae a la memoria los tesoros que nos legaron aquellos años. En cambio conviven con el paralizante frío del invierno austral, con el repiquetear de los fusiles, con la ensordecedor estruendo de una bomba cayendo a pocos metros, con las lágrimas derramadas al ver al compañero muerto, con la sangre nunca más olvidada con que mancharon sus manos.
Tuvieron que matar a desconocidos y ser muertos por estos tan sólo por defender un pequeño grupo de islas que nunca habían pisado, algo que está tan lejos como cerca de nuestros corazones.
A ellos les arrancaron las vidas, nunca más serán gente común y corriente, nunca más podrán dormir sin jaquecas, sin recuerdos horrorosos, sin la conciencia de la mutilación de cuerpo y alma que sufrieron.
Esos son los hijos de esta patria, a los que debemos mucho más que una pensión, que a veces ni llega, a ellos les debemos nuestro reconocimiento, respeto, y solidaridad, a ellos va este homenaje, que espero sea extensivo a la mayor parte de mis conciudadanos.
La derrota militar fue la consecuencia de la estupidez y la soberbia. Los mesiánicos generales gobernantes de facto, demostraron que eran aptos para aplastar al pueblo sin piedad ni miramientos, pero incapaces para hacer lo que supuestamente sabían, combatir a un ejército enemigo. Allí en las heladas aguas del sur se hundieron sus barquitos de papel junto con las vidas de muchos soldados que no merecían tal destino.
Pero la peor derrota que sufrieron los que combatieron en las Malvinas, no fue en el campo de batalla, vino el día después, condenados al olvido por los mismos cobardes generales que los escondieron a su llegada por no tener la valentía de asumir sus innumerables desaciertos. Luego al otro día la misma sociedad en su conjunto los privó de un recibimiento acorde a su grandeza, pues parece que la derrota no tiene virtud ni valor.
Aspiro a ver el día en que todos los Argentinos les demos la bienvenida a aquellos niños que regresaron del infierno, hijos de la patria, por muchos insanos considerados putativos. Aspiro a ver la bandera Argentina algún día vuelta al pabellón de las Malvinas, pero más que nada pretendo que quienes dieron la vida por esta nación se los considere héroes y no los sepulten en el olvido.
Saludos Sergio
viernes, 18 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario