Los poderes delegados, extraordinarios, o suma del poder público
Análisis histórico de tales circunstancias institucionales
La historia nos lleva hacia el diario de sesiones de la legislatura de Buenos Aires de 1830, sesión 165, página 5, registro oficial, número 1, libro IX:
“Se le reviste al gobernador que resulte nombrado de las facultades extraordinarias que juzgue necesarias hasta la reunión de la próxima legislatura, la que deberá dar cuenta del uso que haya hecho de esta especial autorización”
Aquí comienza una práctica muy utilizada por nuestros gobernantes del pasado y del presente, algo que se discute hoy día como un hecho inédito el cual sin embargo tiene demasiados antecedentes como para centrarnos exclusivamente en lo que hoy sucede.
El pueblo Argentino ha vivido prácticamente toda su historia con superpoderes en los mandatarios, ya sea por vía legal, mandato de los congresos, o de facto, sin congreso y con las botas puestas.
Nadie mejor que uno de los más grandes historiadores de nuestra patria, Adolfo Saldías, para relatarnos una visión e interpretación impecable de este tema:
“Esta investidura legal de un poder ejecutivo con facultades extraordinarias constituiría hoy una temeridad regresiva, y tanto más innecesaria cuanto que muchos presidentes del poder ejecutivo se las atribuyen de hecho, contando con la docilidad o con la aprobación de congresos a su servicio”
(Adolfo Saldías. Historia de la Confederación Argentina. Libro II “La guerra y la política constitucional”. Capítulo XV “El ejecutivo Fuerte” (1829-1830). Página 110 y 111.)
Este lúcido historiador continúa el análisis de las circunstancias que llevaron a la decisión de la delegación de los poderes en un ejecutivo fuerte:
“Pero en el año 1829 la República Argentina experimentaba los sacudimientos de una época revolucionaria cuyos lineamientos acentuaban cada vez más fuertes elementos primitivos que participaban de la cosa pública. – La independencia y la libertad del país amenazada; la anarquía asomando la cabeza, e intereses tan fundamentales como el de la paz y el orden para comenzar a vivir por los auspicios de la civilización, absorbían por decirlo así, los desvelos de los partidos y de los hombres de gobierno, Verdad es que precisamente por haberse sucedido una en pos de la otra – la época revolucionaria de la independencia, y la época revolucionaria de la guerra civil, en la República Argentina, el Poder Ejecutivo fue la parte saliente del mecanismo gubernamental, cualquiera que este fuere; y que esta idea prevalece en la actual Constitución federal argentina, la cual convierte al presidente por las atribuciones que le confiere, en un verdadero monarca que gobierna. Por esto decía Alberdi en 1853 que el Poder Ejecutivo es la parte culminante de la Constitución Argentina. No es extraño pues que en 1829 se prodigase facultades al ejecutivo, creyendo poner a salvo los intereses que se invocaban. Por lo demás los poderes ejecutivos nacionales que surgieron en 1811, 1812, 1815, tuvieron facultades extraordinarias. Facultades extraordinarias se otorgó a los gobernadores don Manuel de Sarratea y don Juan Ramón Balcarce, en 1820; las otorgó también la legislatura de Córdoba al gobernador Bustos; la de Santa Fé al gobernador López, y posteriormente la de Corrientes al gobernador Ferré, y con las mismas facultades fue investido el General Paz en 1830 para desempeñar el supremo poder militar de las nueve provincias del interior”
(Obra citada)
Evidentemente, como destaca Saldías, nuestra propia constitución reviste de exceso de poderes al ejecutivo.
Si pretendemos otro sistema habrá que modificar la constitución que preserva dichos atributos y darle carácter más firme al congreso.
Lo lamentable es que muchos periodistas, en total desconocimiento técnico, legal, e histórico de la política constitucional emiten juicios de valor apoyándose en interpretaciones históricas incorrectas, tal es el caso de Pepe Eliaschev que en el año 2006, el 9 de Julio, decía en una publicación del Suplemento Dominical del Diario El Día Séptimo Día:
“La Amenaza de la Suma del Poder Público”
Por PEPE ELIASCHEV
“Los superpoderes que está a punto de adquirir de manera permanente el presidente Néstor Kirchner fueron inventados hace 131 años por Juan Manuel de Rosas. Rosas es el mayor ídolo personal de Carlos Kunkel, un fanático e implacable armador y palafrenero de su compañero de los años Setenta, el actual primer mandatario.
La "rosificación" de Kirchner es un proyecto que parece venir articulándose hace muchos años. Cuando Kunkel atendía desde la Casa Rosada las necesidades logísticas del Presidente, lo hacía junto a un retrato enorme del dictador del siglo XIX. Lejos de ser un disparate anacrónico o un acto de indecorosa comparación, es pertinente recomponer las historias.
Juan Manuel de Rosas nació el 30 de marzo de 1793 y murió el 14 de marzo de 1877, a los 84 años. Vivió casi un tercio de su vida en Inglaterra, donde murió.
Se casó antes de cumplir 20 años con Encarnación de Ezcurra y Arguibel y ya en 1826, a los 33, con la llegada al poder del general Juan Gregorio de Las Heras aceptó integrar la comisión que debía analizar demarcaciones fronterizas con los pueblos originarios de las pampas.
El 6 de diciembre de 1829, a los 36 años, la Sala de Representantes de Buenos Aires lo nombró nuevo gobernador revestido de "facultades extraordinarias". Capitán general de la provincia y Comandante de Campaña, Rosas fue electo por 32 sufragios contra solo uno de Juan José Viamonte, símbolo patético de un gobierno institucional desgraciado.
Apenas seis meses después, el 7 de mayo de 1832, Rosas devuelve a la Legislatura esos superpoderes, seguramente acicateado por el rechazo a tanta concentración de decisiones.
El 5 de diciembre de ese año, cuando la Sala de Representantes lo reelige gobernador, el caudillo repele en dos ocasiones el nombramiento, evidentemente porque no le entregaban los superpoderes. Asume Juan Ramón Balcarce la jefatura de la Confederación el 28 de enero de 1833, mientras que Rosas sigue como comandante general de campaña y jefe de la división contra los indios, hasta el 25 de mayo de 1834.
El 30 de junio de 1834 la Legislatura insiste en designar gobernador a Rosas, pero otra vez le niega lo que más quería, las facultades dictatoriales. Rechaza el cargo reiteradamente hasta que, tras el fugaz gobierno de Maza, los diputados se rinden y el 13 de abril de 1835 le entregan la suma del poder público, facultad imperial que no implica la necesidad de dar cuenta de su uso.
La rebelión de Urquiza el 1§ de mayo de 1851 fue el prolegómeno del encuentro decisivo, la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852. Derrotado, Rosas huye y el 10 de febrero zarpa hacia Inglaterra, a la que llega con su hija el 23 de abril de 1852, para radicarse en Southampton, donde muere un cuarto de siglo más tarde. (…)”
Tales expresiones históricas sin mayor fundamento o análisis riguroso son generalmente letales para la interpretación política de nuestra sociedad y tienden a conllevar argumentos falaces que confundan a la opinión pública en beneficio de artimañas que les sean afines a intereses particulares.
Con todo el respeto que me merece el periodista Eliaschev le sugeriría que antes de juzgar la historia se compenetre con dicha ciencia, para que sus dichos tengan al menos el acerbo necesario para brindar una opinión objetiva de la cosa.
Saludos Sergio
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