viernes, 18 de septiembre de 2009

El campo… de las miserias

El campo… de las miserias

Campo y gobierno en otra estocada de estupidez

Mucho se habló ya de este tema, pero lamentablemente las voces incoherentes y falaces siguen aturdiendo a una sociedad al borde del hastío por tanta discusión burda.
Los actores en ambos frentes sobrestiman su participación social, su acción como benefactores del estado, su aporte al enriquecimiento del país.
Los propietarios de los campos, que no es lo mismo que los trabajadores del campo, o peones como se los llama habitualmente, en un reclamo que no deja de ser atendible, insisten en mejorar sus ganancias para aprovechar al máximo el precio internacional o commodity.
Aquí debemos detenernos unos instantes para contextualizarnos correctamente en la discusión.
Es preciso tener en cuenta que no es lo mismo un pequeño productor que un terrateniente. Es que poseer y/o explotar 100 o 300 has no es lo mismo que el que tiene más de 1.000 y hasta decenas de miles. También es necesario diferenciar las distintas actividades agropecuarias. La diferencia de cultivar como producto principal soja, maíz, girasol, cártamo, trigo, citrus, poroto, tabaco, vides, etc., radica en variantes de suelo y métodos de siembra y cosecha, características climáticas, cultivo con siembra directa, etc. Asimismo los precios de cada producto son distintos y los costos de producción también.
Para que quede más claro explotar 500 has de tabaco equivaldría, (estimativamente), a 3.000 de soja, son distintos cultivos con variantes importantes.
Si alguien posee 300 has destinadas a la soja es un pequeño o pequeñísimo productor, en cambio la misma cantidad de has aplicadas al tabaco implica un productor considerable. Lo mismo sucede con el citrus.
Esto obliga sin lugar a dudas a establecer claros parámetros para entender quien es pequeño productor y quien grande.
La ganadería es otro rubro cuyas particularidades impone una apreciación adecuada. Aquí las has dependen del tipo de negocio que se realice. Puede haber campos para Cría, Recría, donde las grandes extensiones son necesarias para el pastaje del ganado, habiendo también diferencias sustanciales según donde esté ubicado el campo. Si es una zona fértil, posiblemente puedan pastar 4 vacas por ha, y en una zona seca 1 o menos por ha. Las zonas secas requieren de la construcción de bebederos, tomados de perforaciones, en ocasiones muy profundas, en busca de napas de agua subterráneas. Asimismo fuera de la época estival se le debe proveer alimentos pues las pasturas no alcanzan para alimentar los animales todo el año. En definitiva para tener una hacienda importante se requiere de muchas has.
En los casos de Engorde, o Invernada, como así también en Cabañas o Establecimientos de desarrollo genético, las dimensiones son distintas pues la actividad se concentra en corrales o lotes pequeños.
Ahora bien, entonces para calificar de pequeño productor y así proteger a este segmento, se deberían tener en cuenta las mencionadas particularidades para no caer en yerros luego insalvables. Comúnmente se habla del sector con carácter uniforme, entonces para el gobierno todos son terratenientes y para el agro todos son minifundistas.
Siempre desde mi experiencia en el sector, acotada a la provincia de Salta, pude apreciar la gran desigualdad existente entre los productores y la peonada, habitante esta última de los poblados aledaños a las zonas de producción. En esta provincia existen para el caso de la soja grandes productores que explotan la mayor parte de las tierras. El tabaco es distinto, pues allí si hay pequeños productores con tierras desde 50 has en adelante, que se agrupan en cooperativas tabacaleras es búsqueda de colocar sus cosechas a mejores precios.
Tal vez en otras regiones las condiciones puedan ser distintas y la proporción de tierras explotadas por cada productor sea más equitativa. Aunque dudo de la ecuanimidad del reparto de tierras.
El negocio del campo, como cualquier otro, lleva una cuota de riesgo, la cual asume el empresario a sabiendas de las consecuencias de una mala cosecha por sequía, bajos precios, plagas, etc.
Cuando comencé mis actividades en el sector, asesorando económica y administrativamente una empresa agrícola ganadera, principalmente sojera, aunque también producía Maíz, Trigo, Cártamo, y Poroto, con una superficie sembrada de aproximadamente 15.000 has. En ganadería efectuaba los cuatro negocios tradicionales, Cría, Recría, Invernada, y Cabaña con una hacienda de 8.000 cabezas de ganado bovino.
Corría finales del 2001 y principios del 2002, plena crisis. En aquellos años con retenciones inferiores a las actuales la cotización de la soja era de aproximadamente 140 dólares la tn. Cuando dejo la actividad, en el 2007 el precio rondaba los 200 dólares. En esos años la empresa creció principalmente por adecuarse a las tecnologías modernas y tener la visión de no concentrar la actividad a un solo campo. Los sojeros en tiempos mucho más adversos que los actuales incluso con las retenciones de hoy día, ganaban mucho dinero, los chicos se dieron lujos antes impensados lo grandes fueron forjando imperios.
El negocio del campo, como cualquier otro, lleva una cuota de riesgo, la cual asume el empresario a sabiendas de las consecuencias de una mala cosecha por sequía, bajos precios, plagas, etc.
Ahora la realidad del peón de campo nunca varió. Tanto en la bonanza como en la crisis sus magros ingresos apenas los mantenía en la supervivencia miserable. Los pueblos siguieron cumpliendo el rol de proveedores de mano de obra esclava para los patroncitos. A ellos le es negada la mentada distribución de las riquezas, pues se los conforma con darles un trabajo miserable o sino, nada.
Es común ver a los niños harapientos en los pueblos, descalzos, casi desnutridos, pidiendo limosna. Y esta realidad no depende ni se genera por las altas retenciones, esto sucede por la desaprensión de los productores, ingenieros, contratistas, proveedores de insumos y maquinarias agrícolas, comerciantes en general, y todos los que sacan ganancias de la tierra, en las buenas y en las malas. Cómplices al fin con gobiernos oprobiosos que basan su gestión en cuidar los intereses de unos pocos manteniendo olvidados al resto. No confundamos discurso demagógico con acción concreta, lo primero ya raya lo ridículo, cuando la investidura presidencial se convierte en payador contando lo que dice hacer pero nadie ve.
Es muy lamentable conocer las expectativas de los pueblerinos en ruinosa miseria, pues casi no las tienen. Apenas sobrevivir, el día a día, esperar algún trabajo temporal que les permita unos meses dejar de mendigar, y esperar que alguna de sus jóvenes hijas puedan escapar de la miseria de la mano de algún contratista que ponga el ojo en ellas.
Por todo esto no puedo evitar indignación cuando escucho a los productores agropecuarios hablar de sus pueblos, de lo que ellos aportan a sus comunidades, de todo el valor que tiene su labor, cuando la realidad dicta otra cosa. Nauseas siento cuando el gobierno habla de redistribución de las riquezas y sigue apoyando a las multinacionales del petróleo, la minería, la patria financiera, etc.
Por todo esto digo, repito, que esta es una lucha de poderes entre dos colosos que disfrazan de federalismo una realidad que los coloca como neoliberales inescrupulosos, que dicen pensar en sus conciudadanos cuando en realidad están protegiendo suculentas ganancias presentes y futuras. Ambos son la misma cara de una moneda que nunca cae del lado del humilde.

Saludos Sergio

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