Argentinas y Argentinos amargura e histeria patentada
¿Cuántas veces podemos tropezar con la misma piedra?
Vivir en la Argentina es todo un reto donde podemos pasar sin mediar explicación o razón de la euforia a la desazón en un simple chasquido de nuestra filosa lengua.
Tanto unas u otras sensaciones nos acompañan como miembros insertos en informes cuerpos de nuestra psicología mundana.
El todopoderoso argentino; dueño de imaginarios populares como nos enrostraron desde pequeñitos, que somos los mejores del mundo, tenemos la avenida más larga y más ancha, que inventamos el dulce de leche, (¿y a quien le importa?), que somos más rubios y de ojos celestes que los albinos, que Buenos Aires es la París de Latinoamérica, entre tantas otras barrabasadas incoherentes y de poca monta; se reserva el derecho de suicidarse y renacer de entre las cenizas ya no como el ave fénix sino como sicótico maníaco depresivo sin rumbo y sin esperanzas.
La ciclotimia argentina es un derecho patentado. Cada dos lustros, más o menos, nos subimos al tobogán con gran esfuerzo para tirarnos sin mirar que abajo hay un agujero que previamente paleamos para no tener fondo. Supongo que debe ser muy adictiva la adrenalina que provoca ir cayendo sin saber dónde quedó el fondo, más si nosotros mismos nos ocupamos de hacerlo casi abismal.
Pero la experiencia siempre dicta que el fondo existe, (tanto el que cavamos como el monetario internacional), y alguna vez la estrepitosa caída nos deparará un nuevo final embarrado como siempre.
La historia bicentenaria nos muestra muchos de esos vaivenes argentinos, pero la reciente es suficiente para darnos idea de cuánto necesitamos esos chapuzones en las cloacas argentinas.
Dicen que para muestra solo hace falta un botón, pero nosotros tenemos una mercería llena de botones para elegir.
Desde las declaraciones de un impresentable candidato a concejal del Pro, que como le robaron armas de su armería, insta a quemar una villa miseria adyacente con todos sus moradores adentro, además de tratar de animales a dichos conciudadanos y tachar de crías a sus vástagos, hasta las escandalosas mentiras del gobierno, para continuar con acaudalados campestres sin olor a bosta que se endilgan el futuro de nuestro país, y sin olvidarnos de la gran ciudadanía que como rebaño obediente es arriada por los políticos y los medios de comunicación inescrupulosos hacia extremos que acogotan a cualquiera.
Decía allá por los años 60 el incomparable Arturo Jauretche en su publicación “Los tilingos” para la revista Confirmado:
“(…) Era la oportunidad para ofrecer una respuesta, entre las muchas que pueden articularse, a un interrogante que plantea José Luis de Imaz en Los que mandan; "¿Porqué, no obstante su peso económico, su rol en la modernización, yhaber sido innovadores tecnológicos, los empresarios no pesan en lavida del país?". O pesan al revés. Este es el caso de ciertos tipos de gruposeconómicos capitalistas, adscriptos a la política de la SociedadRural, ya consolidados dentro del viejo sistema agro-importador, queprefieren un mercado interno pobre en condiciones de monopolio a unmercado en crecimiento en condiciones de competencia, como los queapoyaron la política de contención del progreso en las JuntasReguladoras de la Década Infame. Sólo que éstos sí saben lo quequieren. (…)”
Continúa el gran escritor Argentino diciendo:
“(…) Que un tipo que no produce diga, en una reunión de tipos que noproducen, que no producen los únicos que producen algo, estilinguería. En esto de producir, tenemos muchos productores ruralespor el estilo que creen que la condición de productor la da lapropiedad de una estancia, unos breeches y unas botas de polo, queviven en la ciudad -"porque mi señora dice que hay que educar a loschicos"- y dan una vuelta por el campo cada quince días. Productoresrurales son los que trabajan y producen en el campo, que pueden serpatrones o peones, pero no los que no intervienen en la producciónsino como propietarios, y que son rentistas aunque no arrienden. Estostambién son de los que dicen que los "obreros" no producen. Y ya nodesde la posición marginal del tipo del portafolio, sino empinándosecomo "fuerza viva" sobre la que descansa la economía del país. (…)”
Cuarenta y cinco años después nada ha cambiado, y no porque la argentina permaneció estática sino porque entre tantas idas y vueltas siempre regresamos al primer amor, el desastre.
En los comienzos de un siglo pos cambalache que probablemente vuelva a ser cambalachero, seguimos discutiendo nuestra posición en el mundo como a principios de dos siglos atrás. Si Latinoamericanos o Europeizados, o, (esto es más novedoso), Yanquizados. Esto en función de si le damos la mano a Chavez, o a Obama, si seguimos condenando a Cuba o la perdonamos por sus pecados.
Como Menem lo hizo, y casi en un plagio al cuento infantil o no tanto de la bella durmiente, seguimos mirándonos al espejo embrujado preguntándonos si somos los más lindos, y cuando el espejo cansado de mentirnos nos dice alguna que otra vez, década de por medio, un atisbo de verdad salimos a romper todo cuanto hicimos para construir una nueva gran mentira.
En el país donde perder es ganar, y hundirse arrastrando a todos en el acto es una virtud, un ex presidente festeja la derrota porque perdió por poquito y porque los que le ganaron no tienen la menor idea de que hacer con los frutos de la victoria. La presidenta con un humor sarcástico dice que en una población de 10 habitantes ganó por el 60% de los votos y los camperos se jactan de que el 70% del electorado no votó en contra del gobierno sino a favor de ellos.
Aquí adelantan las elecciones para atrasar la decisión del pueblo, los jueces de la corte promueven fumarse un porrito, usan a los pobres próceres de la historia para justificar fusilamientos sin balas, o a los desaparecidos para, vergonzosamente, compararlos con los goles del fútbol que me importa un bledo verlos o no pero que parece son tan importantes como las vidas humanas. Se gastan mil millones de dólares para combatir una enfermedad que pasó sin pena y sin gloria mientras otras tan fáciles de resolver y con bajo costo su remedio, siguen haciendo estragos en las clases humildes.
Compatriotas argentinos el pan y el circo ya lo inventaron hace tres mil años los romanos, así que a no jactarnos de lo que no nos pertenece.
Somos el granero del mundo, somos el reservorio de agua potable, somos tan ricos que no sabemos que hacer con todo lo que tenemos. Dios es argentino, Satanás también.
Tenemos las mujeres más lindas y los gatos más famosos. Somos neutrales pero siempre nos apoyan los poderosos. Somos tan vivos que pagamos la deuda externa de 200 mil millones con 10 mil millones, (evidentemente tenemos muy buenos contadores y economistas). Nos quejamos del aumento de la inflación y soplamos el globo inflacionario cada vez que podemos, “por las dudas aumento el precio para cubrirme por si acaso”. Pretendemos que el estado, que no es lo mismo que el gobierno, nos cubra todas nuestras mamarrachadas empresariales, con subsidios hasta para ir al baño.
Nos quejamos de todo menos de las macanas que nos mandamos, mientras no se den cuenta viva la pepa.
“Es pobre el que quiere”, dicen las señoras gordas de la capital, y las capitales del interior, mientras con asco le tiran un diego, traducido diez céntimos, al pibe que le limpia el parabrisas, que ante tanta generosidad les raya el vidrio.
Pretenden las multinacionales con una fundación tapar las iniquidades que promueven con sus negocios, entonces aparecen en TV propagandas de grandes compañías defendiendo el medio ambiente si compras tal o cual artículo de porquería que venden.
En fin amigos esto da para cortar demasiada tela y como el tiempo es tirano y como tal debe ser argentino, debo dejarlos ya casi en el aburrimiento escandaloso. Pero no se desesperen mañana habrá más muertes que contar, más pibes chorros que linchar, más fútbol que ver, y más oficialismo mentiroso, más oposición que no opone ni una idea como la gente, más gente que protesta, más tractores que desfilan, y más conductores de la berretada televisiva que con sueños de gloria y morlacos a patadas nos siguen vendiendo comedias que de gracia tienen solamente la virtud de ser argentinas.
Saludos Sergio
viernes, 18 de septiembre de 2009
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