viernes, 18 de septiembre de 2009

LAS MALVINAS, EL DIA DESPUES

“¡Las Malvinas son Argentinas!”, dirá con vehemencia cualquier ciudadano argentino y al mismo tiempo estará presente en el ideario popular como una contradicción de algo que es nuestro pero tienen otros. Esto derivará indudablemente en un resentimiento, una frustración con mucha bronca, agravada por un intento fallido de hacerlas definitivamente nuestras.
Las Malvinas es algo que va más allá de gobiernos, dictaduras, o democracias de cualquier signo, es algo presente en todos nosotros independientemente de nuestra bandería política o situación social. Es en definitiva un sentimiento.
¿Cómo se arraigó esto hasta nuestras entrañas? Es algo que muchas veces pienso y no comprendo bien. Sabrán los especialistas definir estas problemáticas con mayor o menor acierto, pero lo que es innegable es que está presente.
Lo que es preocupante es que ese sentimiento se asimile tanto a una rivalidad deportiva y vivamos así aquella querencia. Sin embargo la realidad supera las expectativas y deseos y si miramos para atrás 26 años, nos encontraremos, (por lo menos la gran mayoría), viviendo la gesta de Malvinas como si viésemos un partido de fútbol.
Así respondió una importante parte de la sociedad cuando se recuperaron transitoriamente las Islas Malvinas. Cómo un evento deportivo nos convocamos frente a una radio o pantalla de TV a seguir los acontecimientos que sucedían a miles de kilómetros de nuestros cálidos hogares, contando como si fuesen goles los aviones o barcos derribados, hundidos, o averiados. El sentimiento se transformó entonces en algo ajeno a nosotros que otros debían hacer por nosotros, mientras prácticamente nadie alteró su forma de vida, tan agraciada para unos y tan difícil para otros, pero que al fin de cuentas siguió como hasta entonces. Los que no lo vieron por televisión, los que estuvieron allí, saben muy bien lo que significa la muerte, la palparon en todas sus dimensiones, convivieron con ella en cada proyectil, granada y bombardeo al que fueron expuestos, mientras se destrozaban sus esperanzas con estruendos que sólo presagian dolor. ¿Alguien puede imaginarse lo vivido por los soldados que combatieron en Malvinas si cualquiera de nosotros se estremece por un trueno, o por la pinchadura de un neumático? Ni la prensa más amarilla puede retratar lo que vieron los soldados de nuestra patria cuando un compañero era herido o muerto por las bombas enemigas, esparcidos sus restos mutilados a todo su alrededor. ¿Cuántos de nosotros resistiríamos tales condiciones?
Sin embargo preferimos olvidar, y lo que es peor aún, preferimos no enterarnos, no saber, esconder. Lo hicieron los milicos genocidas cuando regresaron los héroes de combate, conscriptos y soldados de carrera, (no hablo de milicos genocidas), que encubiertos y privados de gloria eran ocultados por la noche como delincuentes o leprosos. Los milicos decidieron en aquel momento que no viéramos a nuestros hijos que combatieron en los confines de la tierra, pero nosotros decidimos durante 26 años sepultarlos en el olvido.
Me duele que haya gente y mucha, que como sirvieron a la patria por decisión de la peor dictadura que tengamos recuerdo, aberrante y asesina, no merezcan el reconocimiento que les debemos como nación, ya que como dije al principio Las Malvinas exceden cualquier gobierno, son una de las pocas causas que se enarbola más alto que cualquier ideología.
Ayer fue 2 de Abril, una fecha histórica, que nos recuerda tanto una de las mayores inconciencias habidas y por haber, como uno de los anhelos mas caros de nuestra patria. Ayer, como todos los 2 de Abril pasados y venideros no festejamos nada, tan solo debemos hacer duelo, por los caídos en combate frente a una fuerza extranjera, por los caídos en combate por una fuerza interna, EL OLVIDO de la sociedad, precursora de cientos de muertos posteriores a la guerra, que no encontraron mejor salida que el suicidio para no seguir viviendo las secuelas de una fatal guerra; por todos los que volvieron y mueren día a día en su interior por los fantasmas que los persiguen sin darles tregua y por una sociedad estéril que los niega sin pudor.
Me avergüenza escuchar a los políticos de turno tratar a los excombatientes como cosas raras que debemos mostrar u ocultar según las conveniencias políticas, me produce rabia escuchar a la presidenta etiquetar como “ositos Winipu” textuales palabras del lamentable discurso de ayer, para catalogar a los soldados conscriptos que combatieron en Malvinas. Me hiere hasta los huesos que seudo políticos los traten de golpistas o sin derecho a manifestarse para reclamar lo que les debemos.
Estos señores pagados por la política para hacer piquetes y toda patraña patotera deberían callarse antes de juzgar a los excombatientes, por que son cobardes que vendieron sus almas a cambio de monedas incumpliendo el mandato que las clases marginales les habían otorgado, luchar por la decencia y la dignidad de los pobres. Cuando los invitaron a sentarse en la mesa de los poderosos aceptaron con gusto para llenar sus deformes panzas mientras sus representados comen los restos que el basurero social deja en las calles, pero no, no se callan y nos intimidan con palos y trompadas, los quisiera ver a ellos allí en las fronteras de la patria, cagándose de miedo si tendrían que pelear con un fusil y estar expuestos a la muerte como lo hicieron los excombatientes. No tienen valor para hacer eso, solo en patota y frente a desarmados ciudadanos muestran su supuesta hombría.
Saludos Sergio

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