viernes, 18 de septiembre de 2009

La inseguridad el debate del momento

La inseguridad el debate del momento

Entre los males nacionales que se esgrimen en la actualidad, como tema excluyente y casi único, está en el tope la inseguridad plantada en los medios de comunicación para uso y abuso de sus interlocutores.
Este flagelo tiene un tratamiento divergente en distintos actores mediáticos, políticos, y afectados por sus consecuencias.
Desde la supuesta ingenuidad de Susana Giménez a quien su inimputabilidad mediática permite decir cualquier estupidez, sin costo alguno, pero que para hacer fortunas no demuestra retardo alguno, la referente de muchos argentinos sale a revolear que se mate sin piedad a los delincuentes accionando de igual manera que ellos. De alguna manera se ve reflejada en el espejo de la delincuencia.
Con semejante pie, los medios caníbales salieron a recoger más sangre por doquier, estableciendo un tipo de encuesta de los referentes de la ignorancia. Así salieron los más extremos como Cacho Castaña que pide un paredón en la plaza de mayo para ajusticiar a cuanto delincuente se le cruce. El desfile interminable cuenta con adeptos de todo cariz y fama cuestionable.
Los políticos oficialistas niegan que haya más índices de criminalidad y si eso no alcanza salen a buscar culpables fuera de sus cómodos aposentos, allí encontraron a la justicia, encarnada en jueces y camaristas, que según ellos son los responsables de la madre de todos los males. Ellos como buenos hijos putativos parece que luego de muchos años de gestión recién se dan cuenta de que algo pasa en su inmaculado reino.
La oposición buena para asirse de cualquier cosa que arrime votos pero con ideas poco claras y principalmente abusando con declamaciones sin contenido, toma la vanguardia del reclamo ciudadano en sus manos.
Los damnificados, generalmente más cautos y sinceros que todo el resto, solo pide algo que les permita sanar sus heridas, la mayoría de las veces dentro del plano de la justicia.
En esta mescolanza de opiniones vuelve a verse el poco claro concepto ciudadano de la mayoría de los actores sociales que tienen medios a su disposición.
Luego de esta presentación nos queda la voz de las mayorías absolutas de la nación, el pueblo. El pueblo, el común de las gentes, la mayoría de la sociedad que poco tiene que perder en esta disputa, está conminado a sufrir la inhumana violencia de los que se enarbolan como verdugos de la criminalidad. Padecimiento y muerte en manos de empresarios y políticos que condenan a una sociedad a la inmundicia y el calvario.
No seamos ingenuos, aquí en nuestra patria hay dos argentinas, las de unos que tienen todo o casi todo y necesitan una política de mano dura para mantener sus intereses intactos y la de los otros, que son mayoría, conducidos a la marginalidad ya no por robar o asesinar, tan solo por reclamar lo que les es propio, la dignidad.
Si se pregunta donde está Ud. porque no se identifica con uno u otro, entonces tal vez esté entrelazado en la clase media argentina, esa que siente no reunir las condiciones de ninguna da las clases mencionadas y se cree más cerca del cielo que del infierno, aunque permanentemente coquetea con el diablo. Tilingos los llamó Jauretche.
Mientras estas crueles diferencias no sean zanjadas la policía y los instrumentos de represión estarán a disposición de los poderosos y sin piedad cumplirán la premisa de eliminar los elementos perniciosos para la sociedad decente, o sea el exterminio de la pobreza reaccionaria.
Tendrán especial cuidado en no diezmar toda la población trabajadora sino; ¿Quién va a trabajar por ellos?
La criminalidad es el costo que deben pagar los mismos que la promueven, generando sociedades corruptas, para beneficio personal.
Díganme entonces de donde viene el delito, sino de las mismas entrañas del poder político y empresario corrupto. Los mismos políticos y sus jefes del poder que promueven la prostitución, la degradación ambiental, la droga, el abuso, la evasión de sus responsabilidades impositivas, la usurpación, el robo de las arcas del estado, pero como visten saco y corbata no son imputables, están llevando a una sociedad sumisa al caos institucional. La responsabilidad no es sólo para el que acomete tales actos, sino también para el que en complicidad calla.
Cuando el estado nacional o provincial, cipayo y condescendiente con las multinacionales apátridas, niega lo básico y elemental a su pueblo, está cometiendo el peor delito que puede ser infringido, la traición.
Pero tal debate es negado a la sociedad, nos quedamos en la chiquita si se debe ajusticiar debidamente al asesino sin importar si tiene 10 años o 30.
Cuando un gobernante vaya preso por sus asesinas medidas que matan de hambre, (literalmente), a su pueblo, cuando un empresario pague caro su osadía de mutilar las esperanzas de sus trabajadores con sueldos miserables y trato esclavista, cuando los dirigentes sindicales sean castigados según la ley por cobrar coimas y así mantener calladas las bases trabajadoras, cuando la tilinga clase media argentina deje de promover la corrupción pues está atenta a las migajas que les tiran los poderosos, entonces y solo entonces podremos hablar de justicia. Mientras tanto seguiremos escuchando las pavadas que se esgrimen en defensa de una previsibilidad que permita seguir robando sin riesgo alguno.

Saludos Sergio

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