Se aproxima esta fecha tan sensible para una sociedad que en su alocado andar tiene una capacidad extremadamente desarrollada para el olvido.
Los que pasamos los 45 años recordaremos algunas facetas de esa fecha nefasta, y aquí les traigo mis recuerdos, nada especiales, nada reveladores, simplemente el recuerdo de un adolescente en aquellos momentos, uno más de tantos que vieron pasar los acontecimientos con los ojos vendados por el lamentable “no te metas”.
Allá por los años 75 trabajaba como cadete en Bs. As., recorriendo a pleno sus calles. Sentía la convulsión social plasmada en manifestaciones multitudinarias, en titulares de los diarios recogiendo la sangre de algún crimen político. El ambiente era turbio y hediondo, las melenas contrastaban con los rapados de aquellas épocas que no eran punk ni nada que se les parezca, eran milicos. Yo portaba la moda del momento, como un adolescente más de clase más baja que media, pelo medianamente largo e intentando parecer más desfachatado de lo que realmente era. Compartía mis tardes noches con amigos, barrita que le llamaban, 10 chicos diciendo y haciendo pavadas, pero también debatiendo pensamientos que atesorábamos de libros difundidos en aquellos tiempos. Así con 15 o 16 años podría orgulloso contar que había leído buena cantidad de literatura rusa, clásicos, poesías, filosofía, ciencia ficción, y nada, nada de autoayuda, que no era moda entonces.
Una noche de aquel 24 de marzo de 1976 escuché las primeras voces del horror, coloreadas con un escudo inmóvil en la pantalla de la TV, comenzaba con el recordado “Comunicado Nº 1 de la junta militar de gobierno”.
Recuerdo que quedé mudo, mirando una imagen que no mostraba nada, como no mostraría esa incipiente brutal dictadura los muertos que se llevó.
Al otro día fui a trabajar como siempre, tomé el colectivo, entre en la oficina, no había un ambiente festivo ni mucho menos, las gentes comunes no se animaban a opinar sobre el tema, había algo de silencio en el ambiente, creo que muchos sentían miedo. Otros estaban expectantes, pendientes de si esto terminaría la “inconducta social”.
Recuerdo una noche en la Escuela Nacional de Comercio Nº 14 Leandro N. Alem, donde asistía al secundario nocturno pues trabajaba, cuando se hicieron presentes varios patrulleros de la comisaría y otros no uniformados que desbarataron a los golpes un protesta estudiantil. Recuerdo los sonidos de disparos procedentes de la comisaría del barrio, mientras en los recreos salía al patio, el cual ya no era bullicioso sino estaba contenido por un silencio macabro.
Recuerdo la pared agujereada de una casa del barrio donde vivía que junto a unos amigos fuimos a ver luego de que la noche anterior se armara una balacera ajusticiadora de las fuerzas de seguridad, (asesinos), del proceso.
Recuerdo a mi madre intentando coartar mis ansias de libertad de expresión y de lectura para garantizar mi integridad física, que por aquellos tiempos nutría con libros de Máximo Gorki, y otra literatura rusa.
Recuerdo un día de festejo luego de clases por que un compañero Paraguayo retornaba a su país, y entonces lo despedimos reunidos en una pizzería movilizados en su modesto Fiat 600, cuando regresábamos a dejar a los participantes en sus casas, en la Av. Saenz ya en la madrugada, se nos interpone un ford falcon que nos obliga a detenernos, luego aparecen a toda velocidad tres vehículos más, bajan prepotentes y armados con armas de grueso calibre, varios hombres sin uniformes nos obligan a bajarnos del coche con insultos atemorizantes, mientras blandían sus armas impunemente. Nos ponen contra la pared, mientras nos gritan que no los miremos, nos pegan patadas, piden documentos, se los damos, nos palpan de armas que por su puesto no teníamos, nos siguen insultando a los gritos, mientras tanto se acerca un tipo que parecía ser de mayor rango que los demás, estos le preguntan que hacer con nosotros, por unos segundos que parecieron horas esperamos escuchar la respuesta, por fin la dio, “largalos”. Eso fue todo, segundos después así como aparecieron de la nada hacia la nada fueron. Quedamos ahí un rato atónitos, estupefactos, hasta que uno dijo, salgamos de aquí a ver si vuelven. Esa noche pudo haber sido otra noche más de tantos argentinos inocentes desaparecidos.
Recuerdo en el año 79 un sábado que salimos a bailar con mi novia, (hoy mi mujer), y una pareja amiga por la zona de Olivos, a eso de las 4 de la mañana ya habíamos dejado en sus casas a nuestras respectivas parejas e hicimos un alto en un bar de Aristóbulo del Valle, en la Avenida Maipú, frente a la estación a media cuadra de la General Paz.
Allí nos sentamos en banquetas de la barra a tomar una gaseosa y comer un sándwich. Había algunos parroquianos en las mesas del bar, de pronto paró en la puerta del lugar un colectivo fuera de línea, de allí bajaron varios hombres todos armados con ametralladoras o algo así, entraron pateando todo a su paso, con los característicos insultos intimidatorios nos piden documentos, a un pobre tipo sentado en una mesa tomando un vino se lo llevan y lo meten al colectivo, sólo por que no tenía documentos, luego sin dejar de brabuconear e insultarnos y mostrarnos sus poderosas armas se fueron, siempre me asaltó la duda por la suerte de aquel hombre, que habrá sido de él.
Recuerdo, ayudado por mi mujer, ya en el año 82, que viviendo en la provincia de Neuquén, ella trabajaba como secretaria en el colegio de abogados de la provincia, y que tuvo acceso a algo que pocos conocían por aquellos años, las primeras publicaciones del Nunca Más, ella me contaría que no podía leer esos textos reveladores sin lágrimas en los ojos, sin estremecerse hasta la locura, ella me contaría esos documentos que le prohibían sacar de allí y que eran escondidos por lo que representaban y el temor fundado de ser detenidos por los militares.
Solo recuerdos, nada glorioso, ni heroico, solo motivos para pensar, que me hicieron forjar una opinión al respecto y la férrea convicción de no olvidar, de no permitir que vuelva a suceder, de enseñarle a mis hijos lo que pasó.
Por eso cuando tuve la oportunidad les leí la “Carta abierta a la Junta Militar” difundida el 24 de Marzo de 1977, un año después del golpe, y un día antes del asesinato de su autor Rodolfo Walsh, una carta tan aterradora como reveladora de la sanguinaria acción de estos traidores y asesinos de la patria.
Saludos Sergio
viernes, 18 de septiembre de 2009
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