viernes, 18 de septiembre de 2009

San Martín en sus propias palabras ( II )

Viene de Post anterior ( I )
San Martín le escribe a Guido a comienzos de la era de Rosas, 6 de abril de 1830 desde Bruselas:

“...noto con placer que la marcha del gobierno es firme...En mi opinión el Gobierno en las circunstancias difíciles en que se ha encontrado, debe si la ocasión se presenta, ser inexorable con el individuo que trate de alterar el orden, pues si no se hace respetar por una justicia firme e imparcial, se lo merendarán como si fuera una empanada, y lo peor del caso es que el país volverá a envolverse en nuevo males...Aunque no sea fácil juzgar a la distancia, me atrevo a extender mi juicio apoyándome solamente en la experiencia de nuestra revolución y en la moral que se caracteriza a nuestro bajo pueblo, para opinar que jamás se ha hallado en la provincia en situación mas ventajosa para hacer su prosperidad que la presente. Me explicaré en pocas palabras. Todos los movimientos acaecidos en Buenos Aires desde el principio de la revolución han sido hechos contado con queso dilatada campaña seguiría la impulsión que el daba la capital, como ha sucedido hasta la revolución, digo que el gobernador y sus ministros no tienen perdón; no crea Ud. por esto que soy de emplear medios violentos para mantener el orden, no mi amigo, estoy distante de dar tal consejo, lo que deseo es el gobierno siguiendo una línea de justicia severa haga respetar las leyes de un mido inexorable; sin más que esto yo estoy seguro que el orden se mantendrá. Yo no conozco al señor Rosas pero según tengo entendido tiene un carácter firme y buenos deseos; esto basta, pues la falta la experiencia en el mando adquirirá (que no es mala escuela la de mandar ese pueblo) bajo la dirección de sus ministros.” (Mondragón A – Sulé Jorge: La reciprocidad entre Rosas y San Martin. Edit.CEA. Bs.As.1980)

Tras el pacto Federal de Enero de 1831, San Martín entusiasmado le escribe a su amigo Guido lo siguiente el 1° de noviembre de 1831:“...y bien señor Don Tomás ¿Ha llegado o no la oportunidad? Afortunadamente para el hijo de m madre, que ha habido almas caritativas que me han puesto al corriente de los acontecimientos. Por ellos puede calcularse que la guerra fraticida que tanto ha deshonrado y destruido a esas desgraciadas provincias es concluida...”

Entre los gobiernos de Rosas, en creciente inestabilidad política, San Martín opinaba, carta a Guido:

“El general Balcarce me ha merecido y merece la opinión de hombre de bien y con buenas intenciones pero sin talentos administrativos...y al mismo tiempo muy fácil de dejarse dirigir...su administración tuviese un feliz resultado si como me lo persuadí se rodeaba de hombres próvidos y talentos. Pero ¡cual sería mi sorpresa cuando supe que la flor y la nata de la chocarrera pillería, de la más sublime inmoralidad y de la venalidad la más degradante, es decir el ínclito y nunca bien ponderado Enrique Martínez había sido nombrado a un de los Ministerios...pero aún me acompañaba la esperanza de que los otros dos Ministros (para mi desconocidos) pondrían un dique a las intrigas y excesos de su colega y manifestarían a Balcarce la incompatibilidad de la presencia de un hombre como Martínez; pero esas esperanzas desaparecieron completamente al ver que estos ministros fueron reempleados por los doctores Tagle y Ugarteche; con esa trinidad no me quedó otra cosa que entonar el oficio agonizante por nuestra desdichada Patria...” (Sierra, Vicente: “Historia Argentina” Edit. Científica Argentina. Bs.As.1984)

“El foco de las revoluciones, no solo en Buenos Aires sino en las provincias, ha salido de esa capital; en ellas se encuentra la crema de la anarquía de los hombres inquietos y viciosos, de los que no viven más que de los trastornos porque no teniendo nada que perder todo lo esperan ganar en el desorden: porque el lujo excesivo multiplicando las necesidades, se procuran satisfacer sin reparar en los medios; ahí es donde un gran número no quiere vivir sino a costa del estado, y no trabajar, etc. etc.Estos medios de desorden que encierra la capital deben desaparecer en lo sucesivo. Que sepan los díscolos y aun los cívicos y las demás fuerzas aradas de la ciudad, que un par de regimientos de milicias de campaña, impidan la entrada de ganado por días, y yo estoy bien seguro que el pueblo mismo será el mas interesado en evitar todo trastorno, so pena de no comer, y esto es muy normal.A esto se me dirá que el que tiene más ascendiente en la campaña será el verdadero jefe de estado; y en este caso no existirá el orden legal. Sin duda señor Don Tomas, esta es mi opinión, por el principio bien simple que el título de un gobierno no está asignado a más o menos liberalidad de sus principios, pero si a la influencia que tiene en el bienestar de los que obedecen...Ya es tiempo de dejarnos de teorías, que 24 años de experiencia no han producido más que calamidades. Los hombres no viven de ilusiones, sino de hechos: ¿qué me importa que se me repita hasta la saciedad que vivo en un país de libertad si por el contrario se me oprime?... ¡Libertad! désela usted a un niño de tres años para que se entretenga por vía de diversión con un estuche de navajas de afeitar, y usted me contará los resultados. ¡Libertad! Para que un hombre de honor se vea atacado por una prensa silenciosa, sin que haya leyes que lo protejan y si existen se hagan ilusorias. ¡Libertad! Para que si me dedico a cualquier género de la industria, venga una revolución que me destruya el trabajo de muchos años y la esperanza de dejar un par de bocados a mis hijos. ¡Libertad! Para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos originados porque a cuatro ambiciosos se les antoja por vía de la especulación, hacer una revolución y quedar impunes. ¡Libertad! ¡Libertad!...Maldita sea la libertad, ni será el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona, hasta que no vea establecido un gobierno que los demagogos llamen tirano y me proteja contra los bienes que me brinda la actual libertad.Talvez usted dirá que esta carta está escrita por un humor bien soldadesco. Usted tendrá razón, pero convenga usted que a los 53 años no puede uno admitir de buen fe el que le quieran dar gato por liebre.No hay una sola vez que escriba sobre nuestro país, que no sufra una irritación. Dejemos este asunto y concluyo que el hombre que establezca el orden de nuestra patria, sea cuales sean los medios para que para ello emplee, es el solo que mereciera el noble título de su libertador” (Sierra, Vicente: Historia Argentina.)

Ya en el segundo gobierno de Rosas, San Martín le escribe a Tomás Guido el 17 de diciembre de 1835:

“Mi querido amigo...hace cerca de dos años escribí a Ud. que yo no encontraba otro arbitrio para cortar los males que por tanto tiempo han afligido a nuestra desgraciada tierra, que el establecimiento de un gobierno fuerte, o más claro, Absoluto, que enseñase a nuestros compatriotas a obedecer...25 años en busca de una libertad que no sólo no ha existido, sino que en este largo período, la opresión, la inseguridad individual, destrucción de fortunas, desenfreno, venalidad, corrupción y guerra civil ha sido el fruto que la Patria ha recogido después de tantos sacrificios. Ya era tiempo de poner término a tantos males de tal tamaño y para conseguir tan loable objetivo, yo miro como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable, y no dudo que su opinión y la de todos los hombres que amen a su país pensarán como yo...” (Piccinali, Héctor Juan.)

Carta a Molina, el 27 de abril de 1836:

“...veo con el mayor placer la marcha uniforme y tranquila que sigue nuestro país: ella solo puede cicatrizar las profundas heridas que han dejado la anarquía, consecuencia de la ambición de cuatro malvados...”

Carta a Guido el 26 de octubre

“...veo con placer la marcha que sigue nuestra Patria; desengañémonos, nuestros países no pueden (a lo mejor por muchos años) regirse de otro modo que por gobiernos vigorosos...” (Mondragón-Sulé.)

El Bloqueo Francés inicia la asidua correspondencia entre Rosas Y San Martín por iniciativa del último.

Carta a Rosas del 10 de junio de 1839, al enterarse del ataque Francés y la traición de los unitarios exiliados en Montevideo:

“...esta conducta (la agresión francesa) puede atribuirse a un orgullo nacional, cuando puede ejercerse impunemente contra un estado débil...pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española: una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer...”

El 25 de agosto de 1844 le escribe al chileno Don Pedro Plenzueos:“Si yo viese a su afortunada patria dar oídos a los visionarios y precipitar sus reformas, confieso a Ud. me alarmaría por su futura suerte; tenga Ud. presente la que se siguió en Buenos Aires por el célebre Rivadavia que empleó sólo la madera para hacer andamios para componer la fachada de lo que llaman Catedral, 60 mil duros, que se gastaron ingentes sumas para contratar ingenieros en Francia y comprar útiles para la construcción de un pozo artesiano al lado de un río y en medio de un cementerio público, y todo ello se hacía cuando no había un muelle para embarcar y por el contrario se deshizo y destruyó el que había de piedra y que había costado 600 fuertes en tiempo de los españoles, que el ejército estaba sin paga y en tal miseria que pedían limosna los soldados públicamente. El fin que estableció el papel moneda que ha sido la ruina del crédito de aquella República Argentina. Sería de no acabar si se enumeraran las locuras de aquel visionario y la administración de un gran número de mis compatriotas, creyendo improvisar en Buenos Aires la civilización europea con sólo los decretos que diariamente llenaba lo que se llama el Archivo Oficial. Yo espero que Chile seguirá la marcha sólida que ha emprendido y que sus reformas las hará con pasos de tortuga”
Continúa...

No hay comentarios: