viernes, 18 de septiembre de 2009

La máquina de Dios

La máquina de Dios

El hombre; ¿en busca de Dios o jugando a ser Dios?


Un proyecto que lleva 20 años de preparación se puso en marcha exitosamente el día de hoy. Todos podemos acceder a la noticia en diarios en papel o virtuales, radios o televisión. Dicen las noticias algo así:


“El miércoles, en la frontera entre Suiza y Francia, empezará a funcionar el colisionador de hadrones, una máquina que ayudará a entender las leyes de la física. Tiene 27 Km. de diámetro, construirla demoró 20 años y costó U$S 6.000 millones. Ocho argentinos participan del proyecto. (…) El físico y divulgador científico Alejandro Bangui dice: "Esta máquina puede recrear la condiciones más primordiales y más energéticas que, se piensa, hubo en el Universo embrionario. El LCH, en particular, permite recrear el Universo cuando tenía apenas una millonésima de millonésima de segundo. (…)". (Fuente Clarín 7/9/08)


Ahora bien para poder entender de que se trata todo esto los invito a repasar algunas cuestiones.
Sobre el big bang mucho se habló desde su presentación como teoría allá por el año 1948 por el físico ruso nacionalizado estadounidense George Gamow.
Gamow planteó que el Universo se creó en una explosión gigantesca y que los diversos elementos que hoy se observan se produjeron durante los primeros minutos después de la Gran Explosión o Big Bang, cuando la temperatura extremadamente alta y la densidad del Universo fusionaron partículas subatómicas en los elementos químicos.
Luego se complementa la teoría aduciendo que el Universo se originó en una singularidad espaciotemporal de densidad infinita y físicamente paradójica.


Llegar a presuponer que el universo y la existencia del mismo se origina de un punto infinitesimal comienza gracias a los trabajos de muchos científicos entre los cuales se destaca Edwin Hubble.
En 1929, Hubble descubrió que todas las galaxias se alejaban de la Vía Láctea y lo hacen con una velocidad tanto más grande cuanto más alejada se encuentren. Lo anterior nos lleva, nada más y nada menos, a aceptar que el universo se expande.
Esta ley de expansión del universo, llamada «ley de Hubble», implica que las distancias que separan a las galaxias eran menores en el pasado. Se puede calcular el tiempo que demoró el universo en llegar a la situación actual suponiendo que se ha expandido siempre a la misma velocidad; resultan ser 20 mil millones de años, de acuerdo a la mejor estimación de la velocidad de expansión. Como el universo contiene materia y la gravedad representa una fuerza atractiva, ésta debe ir frenando la expansión y por ende en el pasado la expansión debe haber sido más rápida. La edad máxima que podría tener el universo si la retención gravitatoria fuese nula es de 20 mil millones de años. La Tierra se formó hace 4.600 millones de años y se estima que los cúmulos globulares de la Vía Láctea tienen una edad estimada entre 12 y 15 mil millones de años. En consecuencia, la edad del universo debería estar por sobre los 15 mil millones de años pero menor que la máxima estimada.


Si retrocedemos en el tiempo hasta más de 15 mil millones de años nos encontraremos con un universo compacto en un punto infinitamente denso. Este universo sería totalmente distinto a lo conocido pues al comprimirse a esa escala las partículas atómicas ya no existen, ni siquiera las subatómicas ni nada de lo que se pueda hoy comprender. Para ello existe la teoría de la singularidad propuesta por Roger Penrose.

Penrose, junto con Dennis Sciama había concebido una manera de demostrar que si una estrella se contraía más allá de un cierto punto, no podría volver a expandirse. Se producía una singularidad en el espacio-tiempo, un punto en el que el tiempo dejaría de existir y las leyes de la Física no tendrían validez. Antes, se pensaba que la materia en contracción podría pasar a gran velocidad a través de sí misma y volver a dilatarse. Alrededor de una singularidad se forma un cono al que se le dio el nombre de “Horizonte de sucesos”, del cual supuestamente ninguna partícula podía escapar, estando destinada a caer en la singularidad y extinguirse.
En 1974, Stephen Hawking descubrió que, teniendo en cuenta la Mecánica Cuántica, el horizonte de sucesos no era totalmente impermeable. Los agujeros negros irradian energía y pierden masa. Todos los agujeros negros, a la larga, pierden toda la masa a través de la radiación y desaparecen.

Lo que pretende la “Máquina de Dios”, es recrear los comienzos del universo acelerando las partículas a velocidades cercanas a la luz. Esta aceleración generará colisiones entre las partículas que se irán descomponiendo y fusionando la materia, mostrando el comportamiento de ésta en estado caótico.


Demasiado ambicioso proyecto ya que se parte de consideraciones físicas conocidas para llegar a estados inimaginables de la materia.
Ahora bien, por más que lleguen a aproximarse al estallido primigenio aún queda la pregunta que tal vez sólo Dios pueda responder:

¿Antes del punto original, que había?


Saludos Sergio (aficionado a la mecánica cuántica)

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