viernes, 18 de septiembre de 2009

Maestros, política y ruina de la educación Argentina

Maestros, política y ruina de la educación Argentina.

El debate sobre la educación siempre toma el cariz remunerativo, cuando en realidad implica mucho más que eso. La educación debería ser un tema de Estado, o más bien lo es, y por eso la formación pedagógica está en franca decadencia.
¿Cuáles son las consecuencias de un pueblo ignorante?
Principalmente un pueblo sin derechos, dado que, al no tener acceso al conocimiento se carece de tan importante rol ciudadano. Así en las sombras del analfabetismo moderno, que ya no es sólo no saber leer ni escribir sino que tomó la forma de educar para someter voluntades, se crea una nación sumisa, entregada a los caprichos de la politiquería de turno. Siempre ésta al servicio de intereses propios o foráneos.
Lo que trasciende en la discusión actual son opiniones encontradas en una sociedad que aún no mide las consecuencias de su ineptitud ciudadana.
Normalmente en el debate común, sin políticos ni sindicalistas en el medio, la gente tiene un encono manifiesto hacia el docente. Propone comparaciones odiosas que radican casi exclusivamente en las supuestas extensas vacaciones de los maestros, las jornadas laborales de medio turno, etc. Nunca priorizan la excelsa función de los docentes, la responsabilidad que conlleva formar a los hijos de los argentinos.
Parece que el bien más preciado que tenemos, nuestros hijos, no merecen capacitadores prestigiosos, bien considerados socialmente, cuidados en sus necesidades, pues éstos tienen la enorme tarea de insertar a los niños en el mundo del conocimiento, de la cultura, de la civilidad.
Disculpen mis conceptos, pero no creo que ninguno de nosotros que estemos trabajando duro por nuestro bienestar en los distintos ámbitos laborales, ya sea comercio, industria, construcción, agro, etc., tengamos a nuestro cuidado material más preciado que un ser humano en formación.
Por eso la diferencia. No es comparable bajo ningún punto de vista, como tampoco lo es la tarea sanitaria, el médico, el enfermero, que por migajas brindan su labor en función de su salud y la mía. Acaso; ¿Tiene Ud. mayores prioridades que la digna formación de sus hijos, o la salud de estos?
A esta pregunta obviamente retórica le cabe ya no la respuesta sino la acción.
Si no hacemos algo, que no es otra cosa que apoyar la educación pública, favoreceremos la exclusión social, la educación de unos pocos que asisten a colegios privados, subvencionados por un estado cómplice, y la ignorancia de casi todos. Esta metodología, la de que unos pocos estén debidamente instruidos y la mayoría carentes de una educación básica, promueve la desigualdad consecuente con políticas elitistas, formadoras de unos pocos futuros dirigentes y una masa informe de analfabetos ciudadanos. Así como ganado en tránsito al matadero van nuestros niños pobres hacia la esclavitud moderna.
Hoy la escuela pública, además de su tradicional objetivo que es formar futuros hombres en el conocimiento, hace las veces de guardería, comedores comunitarios, centro de asistencia psicopedagógica y sicológica, como así también prestan asistencia social. Esta nueva realidad impone cambios en las viejas estructuras educativas.
Debemos bregar por educadores formados en la excelencia, con títulos profesionales, con planes de estudio adecuados a la formación tanto del docente como del niño.
Se priva a nuestros niños de las temáticas educacionales fundamentales, la formación ciudadana, mientras aprenden nimiedades y banalidades, poco útiles más que para forjar el sometimiento.
Los políticos, siempre dispuestos a usar en sus discursos el tema de la educación, ponen al frente del ministerio a cualquier profesional menos a uno de la educación, siempre atados a los compromisos políticos más que a la perfección de la cartera.
Así las cosas, nos debemos una reflexión sin hipocresías, nos debemos el compromiso de participar en vez de tanto hablar y quejarnos.
Y sobre el tan mentado del aumento de sueldos que piden los maestros, tal vez debiéramos sincerarnos y valuar cuanto esfuerzo brindaremos para la mejor educación de nuestros hijos. Lo mismo debemos ser custodios de la educación, exigiendo a los docentes se perfeccionen, al ministerio proponga una educación igualitaria, al parlamento dedique de su presupuesto una cuota significativa a la educación, y también un sueldo acorde con la responsabilidad de los maestros. Y si ese sueldo es mayor que el de un obrero de la construcción, un empleado administrativo, un operario de la industria no debiera preocuparnos pues se está invirtiendo en lo más caro a nuestros sentimientos.


Saludos Sergio

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